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Álvaro Tineo. Juego Interno y Seducción. 2011

El arte de convertir las piedras en diamantes

 

Muchos chicos tienen miedo de empezar a interactuar con una chica, o incluso de quedar con ella, porque temen quedarse en blanco o que la conversación se vuelva aburrida y “telegráfica”.

Incluso hay chicos que consideran que no tienen vidas interesantes y que no tienen mucho que ofrecer en una conversación…pero eso son tonterías, porque todos y cada uno de nosotros tenemos algo interesante que ofrecer. Y si no tenemos algo interesante que ofrecer, tendremos algo interesante que preguntar, y al final la conversación será amena y divertida.

Ahora bien, ¿cómo se consigue esto?

Muy fácil: diciendo todo lo que se nos pasa por la cabeza. Cuando somos pequeños decimos todo lo que se nos pasa por la cabeza y a todo el mundo le parecen comentarios graciosísimos y de lo más entretenidos. El problema es que cuando somos adultos nos enseñan a reprimir ese tipo de comentarios espontáneos y nos hacer sentirnos acomplejados por decir lo que pensamos. Así que, poco a poco, el cerebro va reprimiendo nuestros pensamientos y al final decimos muchas menos cosas de las que pensamos y acabamos callándonos las más interesantes.

¿Con esto quiero decir que hay que decir todo lo que se nos pase por la cabeza tal cual nos aparece en la mente? NO. El secreto está en conseguir presentar esas ideas que se nos ocurren de una manera original y efectiva y en tener tacto para saber no ofender a nadie con los comentarios y decirlo de forma cariñosa. Es decir, no se trata de decirle a una chica: “te quiero follar por el culo”, ni nada parecido. Si te gusta su culo es mejor decir: “menudo cuerpazo tienes…que sepas que estoy pensando en pecado contigo.”

Es importante entender que las conversaciones interesantes no tienen ninguna base lógica. Son increíblemente subjetivas y tienen que ver únicamente con las percepciones y las emociones. Y esto es mucho más cierto cuando hablamos de mujeres. Así que no merece la pena gastar tiempo en pensar mucho lo que estamos diciendo, merece más la pena ser espontáneos y decir lo que sentimos y lo que se nos ocurre en cada momento.

Nuestro cerebro nos está bombardeando constantemente con un montón de pensamientos geniales para utilizar en nuestras conversaciones, el problema es que son pensamientos en “bruto”. Lo único que hace falta es matizarlos un poco y darles una buena presentación. A esto le llamo yo “convertir piedras en diamantes”. Los pensamientos que aparecen en nuestro cerebro serían las piedras, y la frase final que nosotros le decimos a la chica, por ejemplo, sería el diamante.

Se trata de darnos la oportunidad de sentir las cosas en cada momento y decir lo que pensamos. Y también se trata de hacerlo de forma que hagamos sentir bien a los demás al decirlo.

Además, el hecho de decir lo que uno piensa sin preocuparse de lo que los demás van a pensar de nosotros es algo que nos hace increíblemente atractivos.

A continuación incluyo un anexo con varios ejemplos de esta revolucionaria técnica.

 

Ejemplos de piedras y diamantes:

Para los ejemplos de hoy, he utilizado el nombre de Eustaquia, por parecerme un nombre de lo más sonoro y salvaje.

 

Frase que aparece en nuestra cabeza (piedra): Menudas tetas tiene esta tía

Frase que sale por nuestra boca (diamante): “Eustaquia, ¿eres consciente de lo complicado que es prestarte atención con semejante preciosidad de escote?…si me despisto mucho pégame un bofetón ¿ok?” Por supuesto, dicho de forma graciosa y sin parecer un pervertido.

 

Frase que aparece en nuestra cabeza (piedra): “Menuda conversación más aburrida”.

Frase que sale por nuestra boca (diamante): “: “Eustaquia, la verdad es que no tengo absolutamente ni idea del tema del que estamos hablando y empieza a ser demasiada información nueva para mí, he intentado disimular pero se me está empezando a notar, jaja, propongo cambiar de tema de conversación”.

 

Frase que aparece en nuestra cabeza (piedra): “Me muero de ganas de besarla.”

Frase que sale por nuestra boca (diamante): “Eustaquia, que sepas que llevo un buen rato mirando tu boca con ganas de besarte…ten cuidado porque de un momento a otro no voy a poder evitar la tentación de darte un beso”.

 

Frase que aparece en nuestra cabeza (piedra): “No tenemos nada en común”.

Frase que sale por nuestra boca (diamante): “Eustaquia, es asombroso ver que no tenemos nada en común y que aún así, estamos hablando tan tranquilamente. Esto rompe todos mis esquemas anteriores. ¿No te pasa a ti lo mismo?”

 

Frase que aparece en nuestra cabeza (piedra): “Ahora no se me ocurre qué decirle”.

Frase que sale por nuestra boca (diamante): “Eustaquia, ahora mismo me he quedado en blanco y no sé qué contarte…barajo dos posibilidades: una, me he enamorado de ti y mi cerebro se estremece ante ti –que no creo que sea eso- o dos, estoy cansado de ayer y mi cerebro no suelta palabra. En cualquier caso…habla tú que yo no doy más de sí. No tiene que ser nada cierto, te lo puedes inventar si quieres…es para no quedarnos callados los dos. Venga, invéntate algo”.

 

Álvaro Tineo